El líder es un elemento crucial que influye directamente en los resultados empresariales. Por muchos motivos, pero uno de los principales es su capacidad de afectar a la motivación y productividad del equipo. ¿Cómo? Creando una cultura organizacional positiva o negativa. En este sentido, el estilo de liderazgo es determinante.
Hace ya algunos años os hablamos de los líderes humanistas. Aquellos que sitúan a los trabajadores en el centro, mientras mantienen la misión de la organización. Hoy nos centraremos en otro modelo similar que puede resultar fundamental para abordar los actuales desafíos de RRHH. Nos referimos al liderazgo multiplicador.
Gestión del talento humano: un escenario lleno de complejidades
Nuestro anterior artículo empezaba con un dato, el de la falta de productividad laboral. Para el 43% de las empresas encuestadas por Randstad y la CEOE, este es uno de sus principales retos. Pero, por supuesto, no es el único.
Paralelamente, y tal como hemos mencionado en otras ocasiones, atraer y retener talento es complicado para las organizaciones. En 2024, parece que, lejos de desaparecer, este fenómeno se ha agravado. Así lo indica la última ‘Guía del Mercado Laboral’ de Hays. Un 70% de los profesionales afirman que están buscando activamente un cambio de empleo. 7 puntos más que en 2023 y la cifra más elevada desde 2021.
Los principales motivos son:
- Un salario demasiado bajo (37%)
- La falta de oportunidades de desarrollo profesional (37%)
- La escasez de posibilidades de progreso de carrera (32%).
Tres razones que pueden llevar a una baja motivación de los empleados. De hecho, la misma guía indica que el 57% de los profesionales se sienten desmotivados. ¿Las consecuencias de ello? Una vez más, baja productividad y elevada rotación.
¿Cómo podemos romper el círculo vicioso?
En 2017, Liz Wiseman acuñó el término liderazgo multiplicador en su bestseller ‘Multiplicadores. Cómo potenciar la inteligencia de tu equipo’. La base de su teoría era una investigación realizada en Silicon Valley en la que participaron más de 150 ejecutivos de varias organizaciones. La conclusión: existen dos tipos de líderes diferentes, los disminuidores y los multiplicadores.
Los primeros se centraban en su propia inteligencia y necesitaban mantener siempre el control, siendo incapaces de delegar. Por su parte, los segundos aprovechaban la inteligencia colectiva para conseguir mejores resultados. Y no solo eso, eran capaces de identificar las fortalezas de cada miembro de su equipo para ayudarle a crecer. A partir de aquí, se desarrolló el modelo “Multiplicadores-Disminuidores”.
En el apartado de los beneficios, según la propia Wiseman, al utilizar la inteligencia colectiva, el liderazgo multiplicador logra mejores resultados. Asimismo, duplica la productividad y los trabajadores se sienten valorados y desafiados, impulsando el compromiso y la moral. Y, como desarrolla de forma activa las habilidades del equipo, el crecimiento profesional es más rápido. Todo ello se traduce en un éxito sostenible.
¿Cómo puedo saber si soy un líder multiplicador?
Además de definir el concepto de líder multiplicador – y también su contrario, el líder disminuidor – el modelo “Multiplicadores-Disminuidores” describe cómo actúa este perfil a través de cinco características básicas. A continuación, las listamos:
- Imán de talento. El líder multiplicador proporciona a los trabajadores espacio para aprender y crecer, sabe identificar sus fortalezas naturales y les asigna tareas retadoras, lo que facilita que todos quieran trabajar con él. También busca los mejores talentos en todas partes y retira a aquellas personas que, con su actitud, provocan un mal clima laboral, los bloqueadores.
- Libertador. Sin ser blando, ya que exige a las personas que den lo mejor de sí mismas, el líder multiplicador crea un entorno de trabajo motivador en el que se fomenta el pensamiento creativo. Proporciona elogios y feedback sobre los aspectos positivos y las áreas de mejora para ayudar al equipo a mejorar y crecer. En definitiva, los empleados tienen permiso para equivocarse y espacio para actuar.
- Retador. Como decíamos en el anterior punto, el multiplicador es un líder que espera lo mejor de su equipo y, por este motivo, le reta asignándole tareas y proyectos difíciles, pero alcanzables.
- Creador de debates. Según este modelo, el líder multiplicador utiliza el conocimiento colectivo para encontrar la mejor solución posible. Sin jerarquías, a partir de la creatividad y el debate. Esto brinda una perspectiva más completa que ayuda a conseguir mejores resultados y al mismo tiempo facilita que todo el equipo se implique y se comprometa.
- Inversor. El líder multiplicador invierte en su empleados, sabiendo que esta inversión tendrá un retorno. Les proporciona autonomía, no se detiene a resolver sus problemas, dado que esto les quitaría capacidad de reacción y perjudicaría su aprendizaje. Para él, cada persona es responsable de sus resultados, positivos y negativos.
En resumen
El liderazgo multiplicador se posiciona como una estrategia transformadora en el ámbito empresarial, superando las limitaciones de los estilos más tradicionales. En lugar de jerarquizar, apostar por el micromanaging y tomar decisiones unilaterales, el multiplicador se enfoca en potenciar las capacidades de su equipo, fomentando un entorno de colaboración, innovación y desarrollo continuo. Disponer de un adecuado modelo de competencias y de evaluación del desempeño ayuda al líder multiplicador a dar feedback en tiempo y forma a sus colaboradores y crear ese contexto en el que todo el equipo podrá brillar. Y esto no solo incrementa la motivación de los empleados al sentirse valorados y escuchados, sino que también impulsa la productividad aprovechando al máximo el talento colectivo.




