¿Por qué huir del Wellbeing Washing?

En el mercado laboral actual, la autenticidad es un valor inestimable. Tanto desde el punto de vista de la gestión del talento humano como de la reputación empresarial y la rentabilidad. Las organizaciones están sometidas a un intenso escrutinio y las promesas vacías pronto empezarán, incluso, a estar penalizadas. Véase la Directiva a la que el Parlamento Europeo dio luz verde a principios de 2024 y que prohibirá el uso de declaraciones medioambientales engañosas.

Pero hoy no os venimos a hablar del greenwashing, sino de otro fenómeno muy similar: el Wellbeing Washing. O crear medidas de bienestar que no se traducen en beneficios tangibles para los empleados. Se trata de una práctica más común de lo que podría parecer. Y tiene importantes efectos a nivel de productividad, Employer Branding y credibilidad.

¿Qué significa Wellbeing Washing?

En la misma línea que el greenwashing, el pinkwashing o el purplewashing, el Wellbeing Washing se refiere a aquellas organizaciones que dicen preocuparse por el bienestar de su fuerza laboral. Sin embargo, no implementan políticas con un impacto significativo en la vida de las personas.

Según los expertos, algunas señales serían limitarse a poner en marcha iniciativas triviales, como proporcionar fruta a los empleados. Pero no indagar en qué cuestiones están afectando a su bienestar, cargas de trabajo excesivas, conciliación laboral, ergonomía de los puestos, etc. También, enfatizar la responsabilidad individual por encima de los problemas sistémicos. O crear solo medidas estándar que no tienen en cuenta las necesidades de cada trabajador.

¿Es el Wellbeing Washing un fenómeno real?

Al hablar de conceptos como el que nos ocupa, podemos caer en la tentación de pensar que solo se trata de palabras de moda. Sin embargo, los datos nos dicen lo contrario. En EE.UU., un informe publicado por la Institution of Occupational Safety and Health indica que el 51% de los trabajadores creen que su empleador está haciendo Wellbeing Washing.

Y en Reino Unido, Claro Wellbeing señala que el 71% de las empresas celebran días o semanas de sensibilización sobre salud mental. Pero solo el 36% de los empleados afirman que sus organizaciones ofrecen un apoyo bueno o sobresaliente en este sentido. Además, el 54% de los trabajadores Gen Z creen que sus compañías practican el Wellbeing Washing. El 52% en el caso de los Millenials.

¿Qué impacto tiene sobre los empleados?

En lo que se refiere a la gestión de las personas, el Wellbeing Washing resulta contraproducente. Crear la ilusión de que se está cuidando el bienestar de los trabajadores sin abordar los problemas reales, supone pasar por alto situaciones que están afectando su salud y rendimiento. Y esto no puede más que empeorarlas.

Asimismo, en una cultura organizacional que no prioriza el bienestar, los trabajadores que están sufriendo estrés, burn out, depresión u otras condiciones pueden sentirse más aislados o tener la necesidad de ocultar su situación. Y no menos importante, si sienten que sus organizaciones no se preocupan por ellos, se desmotivarán y bajarán su desempeño.

Una vía para perder la guerra por el talento…

Con un mercado laboral cada vez más competitivo – 1 de cada 3 empresas españolas reconocen como obstáculo la dificultad de retener talento (Infojobs) – el Wellbeing Washing puede complicar la fidelización de las plantillas. Los empleados son los primeros en darse cuenta de la falsa sensación de apoyo que les está brindando su organización. Y esto puede derivar en una crisis de confianza.

Además, vivimos en un mundo conectado. Si los trabajadores tienen esa sensación, es fácil que la transmitan a posibles candidatos. Así, según Claro Wellbeing, 1 de cada 5 empleados británicos afirman que su empleador ha sido criticado por su conducta en materia de bienestar. También ante personas ajenas a la organización o en foros online como Glassdoor.

… y perjudicar la rentabilidad empresarial

Igualmente, el daño a la reputación que ocasiona el Wellbeing Washing se extiende más allá de los empleados. El resto de los stakeholders se fijan cada vez más en las organizaciones con propósito y penalizan la falta de compromiso.

Según PwC, incorporar criterios ESG, como cuidar del bienestar de los trabajadores, permite mitigar riesgos (62%). También mejorar la imagen de marca (64%), diferenciarse de la competencia (55%) y atraer y retener clientes (52%). Y más del 50% de los inversores lo han contemplado en el último año al buscar nuevas oportunidades. 

¿Cómo evitar el Wellbeing Washing?

Para ofrecer a los empleados políticas de bienestar que realmente mejoren sus vidas, los expertos recomiendan:

  • Crear programas de bienestar para empleados con un enfoque holístico. Es decir, que contemplen tanto su salud mental y física, como la emocional y financiera.
  • Escuchar a los trabajadores para conocer sus necesidades. Para ello son necesarios canales de comunicación bidireccionales.
  • Ser capaz de evaluar de forma precisa la eficacia de las iniciativas de bienestar que se pongan en marcha desarrollando métricas significativas.
  • Además, estas evaluaciones deben hacerse de forma periódica para asegurarse que las medidas siguen siendo relevantes.
  • En materia de bienestar, la talla única no funciona. Las empresas deben crear programas personalizados y apostar por la variedad para responder a las necesidades de sus trabajadores.
  • Un programa de bienestar no puede ser a corto plazo, el compromiso de la empresa ha de ser duradero e invertir el tiempo y los recursos necesarios.
  • El objetivo ha de ser crear una cultura de bienestar y, para ello, el compromiso del liderazgo es fundamental.

En conclusión

Retomando el último punto, centrarse en soluciones superficiales en lugar de crear una cultura de bienestar es un error en el que muchas empresas pueden caer. En un momento en el que la salud de las personas ocupa un lugar central pueden sentir que deben estar a la altura, pero deben saber que supone un esfuerzo. En este sentido, el departamento de RRHH tiene una nueva oportunidad de convertirse en un aliado estratégico de la dirección. Siempre desde los datos, los conocimientos y la experiencia.